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Superpoderes frente al coronavirus

En estos días de tanta incertidumbre, es inevitable sentir una gran preocupación frente a los momentos que estamos viviendo, y puede resultarnos muy difícil gestionar la intensidad emocional que nos provocan.

Luchando con mi emoción paralizante

Se entiende la incertidumbre como el estado de desconocimiento que tiene una persona acerca de lo que sucederá en el futuro. Ante este estado de desconocimiento sobre la realidad que nos toca vivir puede existir una sensación de inseguridad, de miedo o de titubeo que es probable que ocasione la parálisis de la persona en su toma de decisiones, sintiéndose bloqueado o con mucha preocupación por no permitirse la posibilidad de que algo “salga mal”.

 

Podemos reconocer algunas expresiones, creencias o sensaciones tales como:

Hombre y niño leyendo

La lectura es una fábrica de sueños.

Ana María Matute.

Agresividad

Durante la última semana, la calle y los medios de comunicación de mi ciudad han estado llenos de comentarios acerca de la agresividad y la violencia en la juventud. Tanto es así, que he decidido recordar en este post algunos aspectos de la agresividad humana, a modo de invitación para reflexionar  juntos.

Odio la navidad

¡Ya estamos de nuevo en Navidad! Época de luces, colores, regalos, reencuentros, comidas familiares, y alegría por todas partes… ¿o no?

Parece que con la Navidad llega cierta exigencia de sentirnos felices que no es fácil de gestionar, ya que en ocasiones es difícil encontrar motivos solo porque estemos en estas fechas… en ocasiones es más bien al contrario.

Estoy segura de que todos nosotros en los últimos tiempos hemos oído hablar de un concepto que cada vez se está escuchando más: el comer emocional. De hecho, aunque no le hayamos puesto el nombre, también es seguro que todos lo hemos hecho alguna vez, no es algo nuevo: comer como consecuencia de una emoción.

Vacaciones

Estamos en verano y quien no ha disfrutado ya de sus vacaciones, está a punto de hacerlo. Vamos notando ya la necesidad de parar y desconectar de una forma u otra. Fatiga, dificultad de concentración, desmotivación, … el cuerpo y la mente nos avisan de la necesidad de ese merecido descanso, más aún en este año en el que la presencia de la pandemia ha incrementado el nivel de estrés en la mayoría de las personas, bien sea por el riesgo de exposición, incertidumbre sobre el trabajo, sobrecarga de trabajo, o miedo a enfermar, si es que no ha enfermado, entre otros motivos.

Vacaciones con hijos

Quizás las vacaciones de verano sea uno de los periodos más esperados del año, pues supone un largo descanso tras un curso en el que l@s niños han tenido que hacer frente a multitud de actividades, además de la jornada escolar. Llega el buen tiempo, la piscina, la playa, la montaña… días en lo que las obligaciones son menos; con ello, los campamentos y escuelas de verano, los reencuentros con amistades que no ven desde el pasado año con quienes comparten aventuras, además de un mayor tiempo para disfrutar de actividades diferentes con la familia.

Mascarilla

Desde hace más de un año hemos incorporado a nuestras vidas algunas rutinas de higiene que nos han ayudado a protegernos (y a sentirnos protegidos) del contagio: lavarnos y desinfectar las manos, mantener la distancia social, llevar mascarilla. Sin embargo, de todas estas medidas, la que nos ha causado más molestias ha sido la mascarilla: sudor, sensación de asfixia, acné… la mayoría de nosotros en algún momento hemos deseado poder deshacernos de ella.

Comunicación entre personas

La comunicación humana es un tema apasionante y de gran complejidad. A menudo, tanto en mi trabajo como en mi vida personal, presto atención a las formas que tienen las personas de trasmitir sus mensajes, y nunca deja de sorprenderme la cantidad de malentendidos y errores que cometemos los humanos en este proceso. En muchas ocasiones, estos errores nos llevan a un deterioro en las relaciones personales, y a una incapacidad para conseguir nuestros objetivos.

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