
La llegada del año nuevo supone un “reseteo” mental. No sólo cambia el año, sino que lo tomamos como un punto de partida para cambiar nosotros mismos. “Año nuevo, vida nueva” dicta el refranero. Es en el inicio de año cuando nos planteamos propósitos para los próximos 12 meses. Es decir, objetivos sobre nuestros hábitos y estilo de vida que nos orienten a dar un cambio para mejor: dejar de fumar, empezar a hacer deporte, comer más saludable, iniciar una terapia…
Estos propósitos no solamente los propicia el inicio del año, sino que podemos llegar a sentirnos empujados por la culpa de la rutina perdida durante los días de fiesta, marcada por las comidas copiosas, los horarios perdidos o el frenetismo de las compras navideñas.
Sin embargo, es habitual que los propósitos de año nuevo no perduren más allá de unas pocas semanas. Aquello para lo que sentíamos toda la motivación del mundo el día 1 de enero, con frecuencia, termina cayendo en saco roto. ¿Por qué sucede esto? ¿Hay algo que podamos hacer para ser algo más constantes y llegar a lograr un cambio? Hagámonos tres preguntas:
1.- ¿Sé lo que tengo que hacer?
Al proponernos cambios, es importante entender que lo que estamos haciendo es establecer objetivos., es decir, metas a alcanzar. Esas metas deben ser concretas para poder saber cómo alcanzarlas. Podemos compararlo con caminar por un sendero. Para saber por dónde debo caminar, primero de todo debo saber adónde quiero llegar. Una vez lo sepa, será más fácil elegir el camino.
Por ejemplo, si mi propósito es “Cuidar más de mí”, existen muchas formas diferentes de entenderlo y, por tanto, de llegar a ello; y también de encontrar obstáculos y llegar a sentir que no lo estamos consiguiendo.
En cambio, si ese mismo propósito lo convertimos en otros más concretos e identificables, será más fácil saber cómo alcanzarlo. Por ejemplo, “Comenzar a ir al gimnasio 3 veces por semana”, “Pedir comida basura una vez por semana”, “Aprender a poner límites en el trabajo”.
Además, una vez tengamos claro el objetivo final, podemos proponernos objetivos intermedios. Es decir, “checkpoints” con los que ir evaluando el progreso que llevamos y si es necesario realizar algún ajuste. De esta forma podremos tanto realizar cambios si son necesarios como ganar confianza en el proceso sin frustrarnos fácilmente ni llegando a abandonar.
2.- ¿Son propósitos realistas?
Los propósitos deben ser alcanzables, por lo que tendremos que ajustar nuestras expectativas al respecto. Si el propósito es, por ejemplo, ponerme tan fuerte como mi amigo que lleva 10 años entrenando en el gimnasio cuando yo nunca he pisado uno, muy probablemente comience a sentirme rápidamente frustrado al no ver el progreso que esperaba y termine abandonando.
Reconvertir esos objetivos tomando consciencia del punto de partida y las posibilidades reales de progreso en el tiempo propuesto facilitará alcanzarlos. Continuando con el ejemplo anterior, si en lugar de querer alcanzar a mi amigo que lleva 10 años entrenando, me propongo comenzar a entrenar (ya que nunca lo había hecho), el simple hecho de ir al gimnasio se convierte en un logro que, además, supondrá iniciar el camino hacia los siguientes objetivos. “¡Partido a partido!”, como dice el Cholo Simeone.
3.- ¿Tendría que renunciar a algo?
Una vez tengamos claro el propósito y sepamos que se puede alcanzar y cómo hacerlo, sólo queda preguntarse si llevar a cabo ese cambio supondría renunciar a otras cosas. En fumadores, por ejemplo, el tabaco es una forma de regular la ansiedad o de socializar, entre otras cosas.
Cuando el propósito implica dejar algo que se ha estado haciendo, es necesario entender cuál es la función de aquello que se pretende eliminar o sustituir para que no quede vacía. En este caso, el de los fumadores, tal vez será necesario antes aprender otras formas de regulación o habilidades de socialización alternativas.
No hacerlo podría suponer que nuestro cerebro busque la forma más cómoda y rápida de cumplir esa función, la que ya conoce, desembocando en que el cambio se revierta y, por tanto, que el propósito no se cumpla.
Psicólogo Adultos y Adolescentes







