Influencia de los modelos estéticos en los trastornos alimentarios

Desórdenes alimentarios

Cuando hablamos de trastornos alimentarios es probable que rápidamente vengan a nuestra mente dos conceptos: anorexia y bulimia. Es cierto que ambos trastornos son los más conocidos entre los desordenes de tipo alimentario, pero en realidad dentro de este tipo de problemas podemos encontrar algunos más.

Hablamos de trastorno alimentario cuando la persona presenta una serie de síntomas que encajan dentro de un cuadro clínico predefinido dentro del manual de referencia para diagnóstico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), el DSM5.

Más allá de los síntomas específicos que definen un cuadro clínico, en los trastornos alimentarios aparece como factor común una relación compleja con la comida, donde ésta última adquiere funciones que van mucho más allá de las que se le presupone a priori para las personas: aportar los nutrientes necesarios para que nuestro organismo pueda desarrollar sus funciones de forma adecuada, garantizado así la supervivencia. Además, esta situación supone un alto nivel de sufrimiento y angustia para la persona que lo padece. Pero todos sabemos que en ocasiones la comida es para las personas mucho más que eso. La comida a veces es consuelo, premio, castigo, socialización y un largo etcétera. Además es común que este tipo de trastornos se desarrollen con una distorsión de la propia imagen corporal y/o insatisfacción con la misma.

Para comprender algunos aspectos relacionados con este tipo de trastornos, conviene hacer un pequeño análisis sobre la evolución histórica de los modelos estéticos en relación con los trastornos alimentarios. A lo largo de la historia, los modelos estéticos han ido variando incesantemente. El criterio de validez de los rasgos corporales ha ido cambiando a través de la historia en función de las características y valores culturales vigentes en cada momento. Mientras artistas de peso como Botero o Rubens (siglos XVI y XVII) mostraban en sus obras cuerpos femeninos caracterizados por formas redondeadas que mostraban al detalle la grasa corporal con absoluta naturalidad; otros como Modigliani o Klimt, tres siglos más tarde, muestran en sus obras cuerpos femeninos mucho más estilizados. Del mismo modo en que se ha ido produciendo esta variación durante siglos, los cánones estéticos del cuerpo siguen paulatinamente su proceso de transformación, llegando a decantarse claramente en la actualidad por la delgadez, y considerando la grasa corporal como algo negativo tanto en hombres como en mujeres. Mientras en épocas anteriores la delgadez simbolizaba pobreza y la gordura posibilidades económicas y buena posición, actualmente se observa que en una sociedad desarrollada la gordura representa un valor negativo, sugiriendo la importancia de factores socioculturales en relación a la vulnerabilidad y desarrollo de los trastornos alimentarios. Aunque al hablar de estética parece que nos referimos a aspectos puramente físicos o superficiales, en realidad este concepto incluye aspectos relacionados con el campo de las emociones asociadas a la imagen corporal. Por ejemplo, actualmente se presentan ciertos modelos estéticos con un mensaje directo que asocia determinadas características corporales con la felicidad y éxito social. En la mediación cultural sobre la conformación de modelos estéticos, la publicidad toma una gran relevancia que perdura hasta el momento actual, siendo las mujeres las que sufren una mayor influencia de los modelos estéticos corporales (aunque no las únicas). Hace ya algunos años anorexia y bulimia empezaban a conocerse a través de personas mediáticas que sufrían el trastorno. La delgadez ya aparecía asociada al éxito y la felicidad. La gordura era concebida como desagradable y poco saludable y, de forma complementaria, los modelos a seguir eran cada vez más delgados. Actualmente la presión social promueve la asociación de la delgadez con valores como el éxito, la aceptación social, la feminidad en mujeres y el autocontrol. Así, los medios de comunicación influyen de forma directa en la preocupación por el peso y la dieta en la medida en que, de forma general, están directamente implicados en la percepción de la imagen corporal. Los medios de comunicación juegan un papel importante en la construcción del ideal de belleza y, a su vez, este ideal de belleza basado en la delgadez actúa como un factor de riesgo para desarrollar un trastorno alimentario, llegando a constituir la propia exposición a los medios de comunicación un factor importante para el desarrollo de un trastorno alimentario. El peso de la presión social es importante en la medida en que se ha comprobado que, las personas menos vulnerables a esta presión vinculada a los modelos estéticos, presentan un mejor autoconcepto físico (Ruiz de Azúa, Rodríguez y Goñi, 2005). Esta cuestión adquiere una mayor dimensión en los últimos años con la evolución de las redes sociales y su accesibilidad y protagonismo en la vida de los jóvenes.

Todo esto pone en relieve la importancia de cuidar en nuestros jóvenes (especialmente) algunos aspectos que suponen un factor de protección frente a los trastornos alimentarios, tales como:

  • Desarrollar una buena autoestima (como base de aceptación personal). Reforzar en ellos todas sus cualidades personales (dejando a un lado el aspecto físico) teniendo siempre en cuenta que ellos aprenderán a verse a sí mismos a través de nuestra mirada.
  • Trabajar en la normalización y aceptación de la propia imagen corporal (partiendo siempre desde el ejemplo con nuestra propia aceptación). Normalizar y aceptar las diferencias personales, cuidando la forma de hablar sobre los demás. Somos un espejo para ellos.
  • Fomentar el pensamiento crítico frente a los medios de comunicación y, de forma más específica, frente al contenido compartido a través de redes sociales.
  • Potenciar una buena gestión emocional que haga innecesario el uso de otras formas alternativas de gestión de emociones (como la comida). Enseñarles a identificar y aceptar todas las emociones que forman parte de nuestro día a día, trabajando desde la validación de todas ellas y entendiendo que siempre tienen una función en nuestra vida.
  • Enseñar hábitos saludables de alimentación, haciendo especial énfasis en la normalización de la ingesta (evitando excesos en cuanto a la “obsesión” por lo saludable). Se trata de normalizar la ingesta de todo tipo de alimentos, ofreciendo información y herramientas para hacer buenas elecciones respecto a lo que comemos (huyendo de posiciones polarizadas respecto a la comida).

 

Psicóloga en Elche Marian García

Psicóloga
Adultos y Trastornos de Alimentación

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