La otra cara de la comida

Comiendo tarta

En la actualidad escuchamos muy a menudo el término "hambre emocional" haciendo referencia a esa forma de comer donde uno siente que lo hace, no para cubrir necesidades nutricionales, ni siquiera atendiendo a los mecanismos de hambre y saciedad, sino más bien para calmar algo, para llenar algún vacío.

Se convierte así la comida en un "tapón" ideal que nos permite poder sentir que estamos gestionando, al menos a corto plazo, aquello que se nos hace tan cuesta arriba. Tendemos a creer que gestionamos algo cuando dejamos de sentirlo. En este sentido la comida representa un fantástico medio para esa "gestión" a medio plazo donde mientras como, dejo de sentir al menos por un ratito el malestar que antes me angustiaba. En realidad, cuando hablamos de "hambre emocional" debemos hacer referencia a la gestión de las emociones para entender el mecanismo que lo mantiene.

Entendemos que las personas estamos constantemente sintiendo emociones, aunque no siempre seamos plenamente conscientes de ello. Dentro de todas las emociones que podemos llegar a sentir, es evidente que algunas de ellas generan una sensación menos agradable que otras. Por ejemplo, entendemos que todas las emociones son buenas (porque todas cumplen una función y vienen para contarnos algo sobre aquello que está ocurriendo), pero es cierto que es más agradable sentir alegría que sentir tristeza.
Partiendo de esta idea, cabe pensar que vamos a necesitar saber qué hacer con determinadas emociones que se sienten poco agradables.

En la base de una buena gestión emocional vamos a encontrar al menos tres cosas importantes que nos van a ayudar a poderlas gestionar de una forma más efectiva.

Por un lado, debemos ser conscientes de que en este momento estamos sintiendo algo. Puede parecer obvio, pero no para todo el mundo lo es. En muchas ocasiones las personas no son conscientes de que determinadas situaciones de lo cotidiano actúan como desencadenantes de una emoción determinada.

Una vez que somos consciente de esto, es importante que podamos identificar cuál es la emoción que estamos sintiendo (ponerle una etiqueta). Esa identificación de la emoción nos va a permitir comprender qué sentido tiene que yo sienta está emoción en este momento. Si somos capaces de llegar hasta aquí, es crucial que podamos validar eso que estamos sintiendo. Las emociones para ser gestionadas de forma eficaz necesitan ser validadas, es decir, muy lejos de ignorarla, negarla, ridiculizarla o esconderla, lo que necesitamos es darle visibilidad y sentido. Reconocer su sentido aquí y ahora y permitirnos transitarla. Solo permitiéndome transitar la emoción ésta podrá ser gestionada de una forma efectiva.

Sin embargo, cuando usamos la comida como una forma de gestionar el malestar, estamos haciendo poco de esto. En realidad, lo que hacemos es "enmascarar" ese malestar, desconectarnos de él, buscar una alternativa rápida para salir de eso lo más rápido posible.
Lo malo de esto es que una vez finaliza la ingesta, esa emoción sigue ahí intacta (en realidad no hice mucho con ella), con el agravante de que nuestro cerebro ha estado aprendiendo a activar este peculiar mecanismo de gestión cada vez con mayor rapidez y automatismo.

Entender esto nos puede ayudar a tomar conciencia del uso que hacemos de la comida, cuando este cumple una función diferente a la esperable, y la implicación que esto puede llegar a tener en nuestra capacidad general de gestionar nuestras emociones. Por ello es interesante reflexionar sobre cuál es nuestra forma de gestionar el malestar y explorar si podemos generar alternativas que nos ayuden con esto desde la presencia y la conexión con las emociones (incluso las menos agradables).

 

Psicóloga en Elche Marian García

Psicóloga
Adultos y Trastornos de Alimentación

Relacionados:

Dolor sistema digestivo

El reflejo de tu salud emocional en tu sistema digestivo

Gases, hinchazón, cambios en el ritmo intestinal, acidez,...

Gente en la playa

¿Cómo me siento respecto a mi cuerpo?

Llega el buen tiempo y las temperaturas suben poco a poco, del mismo modo que para muchas personas sube el nivel de ansiedad...

Desórdenes alimentarios