
El aburrimiento es una experiencia que todos vivimos en algún momento. Sin embargo, cuando aparece durante largos periodos de tiempo puede generar frustración, apatía o sensación de vacío. Aprender a gestionar el aburrimiento de forma saludable puede ayudarnos a mejorar nuestro bienestar emocional y descubrir nuevas formas de disfrutar del tiempo libre.
Con la llegada del verano es normal que muchas de las rutinas que mantenemos a lo largo del año cambien. Los estudiantes ya no se tienen que levantar a las 8 de la mañana para ir a la escuela. También es una época en la que los trabajadores suelen coger vacaciones cambiando su rutina completamente. Incluso es un problema al que se enfrentan muchas personas retiradas cuando llegan al periodo de jubilación.
Ante esos momentos de tiempo libre en los que no sabemos en qué o cómo invertir nuestras energías, podemos sentir frustración e incluso agobio. Especialmente cuando venimos de una rutina muy ajetreada en la que estamos acostumbrados a sentirnos productivos.
¿Qué es el aburrimiento y por qué aparece?
El aburrimiento es un estado emocional y psicológico caracterizado por una sensación de apatía, insatisfacción y falta de interés cuando no se encuentran estímulos atractivos. Sin embargo, como todas las emociones, el aburrimiento tiene una función. Es la señal del cuerpo que nos dice que hay algo que queremos cambiar y nos anima a la acción.
Antes de continuar, es importante aclarar que no es lo mismo sentir aburrimiento que sentir ansiedad o sentirse mal por pensar que no se está aprovechando el tiempo de manera productiva. Aunque el ritmo acelerado de la vida actual parece que nos anima a estar haciendo cosas constantemente, es importante recordar que está bien parar.
¿Por qué nos cuesta aprovechar el tiempo libre?
Pero retomando la idea inicial, ¿Por qué nos es sencillo hacer ciertas tareas de nuestra rutina? y ¿por qué nos cuesta más empezar actividades nuevas o diferentes?
El psicólogo Ajzen nos explica que la intención de realizar una actividad está influida por 3 factores:
El primero es nuestra actitud hacia la tarea. Es decir cuál es la valoración que hago acerca de realizar una actividad y qué consecuencias tendrá esta.
Por ejemplo, si quiero darme un paseo por el barrio puedo pensar: “Dar un paseo me ayuda a despejarme después del trabajo, relajarme y sentirme mejor. Creo que es una actividad agradable y beneficiosa”
El segundo factor hace referencia a la percepción de control sobre la actividad que vamos a realizar. Es decir, si creo que soy capaz de hacer la tarea con un resultado positivo y qué recursos necesito para ello.
Tengo un parque cerca de casa, dispongo de media hora libre por las tardes y puedo caminar sin dificultad.
El último factor es la norma subjetiva. Es decir, cómo creo que va a percibir mi entorno si hago una actividad o si no la hago.
Mis amigos y mi familia suelen decir que es bueno salir a caminar y me animan a hacerlo cuando paso mucho tiempo en casa.
Nuestras tareas de la rutina, son actividades que tenemos interiorizadas y bajo control. Sabemos que podemos hacerlas satisfactoriamente, conocemos sus consecuencias y nuestro entorno suele aceptarlas. Sin embargo, esto no significa que no podamos empezar actividades nuevas o diferentes.
Cómo empezar actividades nuevas cuando falta motivación
Y aquí surge la pregunta: ¿cómo puedo hacerlo?
Estrategias para gestionar el aburrimiento de forma saludable
- Busca actividades que te motiven. Aunque suene a tópico, hay veces que se nos olvida preguntarnos ¿qué me gusta hacer? Incluso puedes preguntarte ¿qué me gustaba hacer de pequeño?
Solemos hacer con mayor facilidad actividades que ya nos gustaban y motivaban, en comparación con otras que nos despiertan menos interés. Según la teoría de Ajzen, esto también contribuye a que la valoración de realizar la actividad sea más positiva, ya que partimos de una experiencia agradable.
- Busca actividades o planes que no sean muy demandantes. Cuando estamos bajos de motivación hacer planes muy elaborados puede ser más difícil y podemos frustrarnos si vemos que no conseguimos hacerlos. Las actividades sencillas nos permiten aumentar nuestra sensación de control ante la tarea.
- Planifica qué cosas quieres hacer, si lo ponemos sobre un calendario es más probable que nos animemos a hacerlas, pues pasa de ser una idea a ser un plan.
Organizar una rutina flexible durante las vacaciones con la que nos sentimos cómodos nos ayuda a mantener una sensación de propósito, reduce la incertidumbre y nos permite evaluar y conocer qué recursos necesitamos para completarlo.
- Consultar qué actividades hay programadas en mi entorno o en mi ciudad, como talleres o propuestas organizadas por el ayuntamiento.
Esto reduce la carga de tener que organizar el plan por nuestra cuenta. Además, tienen horarios ya establecidos y nos da ideas de qué actividades podemos hacer. Estas actividades son entornos donde podemos conocer a personas con intereses similares permitiéndonos compartir nuestros gustos con otras personas.
El aburrimiento también puede ser una oportunidad
Y recuerda que, cuando empiezas a buscar actividades nuevas para incorporar a tu rutina, el cambio no tiene por qué ser inmediato. Habrá días en los que nos apetezca más probar cosas nuevas que otros, y es importante escucharnos y cuidarnos durante el proceso.
Si el aburrimiento, la apatía o la falta de motivación se mantienen en el tiempo y afectan a tu bienestar emocional, la terapia psicológica puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y encontrar nuevas herramientas para afrontarlo.
Psicóloga y formadora







