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¿Hacer dieta o cambiar de estilo de vida?

En estos meses que nos ha cambiado la realidad literalmente y como nunca nos hubiésemos imaginado, hemos experimentado muchos cambios psicológicos y físicos. Hemos cambiado la manera de comer, pasando por diversas etapas, la etapa de acopio, de cocinillas, de quedadas virtuales, de hacernos “mimos” gourmets, de hacer ejercicio en casa y una larga lista relacionada con la situación emocional inédita.

Y ahora que vamos regresando a la normalidad será el momento de plantearnos cambios.

Tenemos grabado en nuestro interior las palabras, dieta, dieta exprés, sin embargo, su cumplimiento no siempre es el mejor. Hasta que se transforma en un bucle de comienzos y abandonos a lo largo de toda la vida, sin ningún resultado más que la acumulación de fracasos.

Hay que romper con ese ciclo estéril y la única manera es dejar de hacer dietas, y por fin empezar a cambiar tu estilo de vida. Empieza con un cambio, por poco que parezca. Quizá cambiar los refrescos por agua es un comienzo y puedas acabar  comiendo la tostada integral con aguacate.

En la alimentación como en todos los aspectos debemos salir de nuestra zona de confort, y si quieres tener algún resultado, es imprescindible hacer algún cambio, si no hay cambio no hay resultado.

Así que lo primero es querer cambiar, el deseo de cambio es lo que hace que la motivación inicial se mantenga en el tiempo. Por ello es importante el trabajo de Nutricionistas y de Psicólogos en conjunto. El deseo de cambio lleva a tomar una decisión, decidir es ser consciente que hay que involucrarse para cambiar, decidir es saber que hay que tomar partido en “el asunto”, que hay que hacer algo más que leer un papel y comer lo que me ponen en el plato, no se trata de obedecer lo que  dice el profesional, sino de aprender a hacer el cambio, si no se aprende no hay cambio.  Cuando se está involucrado es mucho más fácil llevar cierta disciplina y  adherencia al nuevo plan de alimentación.

Cuando se comprende que se es PROTAGONISTA ACTIVO de su cambio, entonces se empieza a recoger éxitos en lugar de fracasos. Esto es fundamental, sobretodo a las personas  con muchos fracasos dietéticos a sus espaldas, es volver a ser fuerte, a tomar las riendas de su vida.

Un cambio de hábitos no se hace ni en uno, ni en dos meses pero cada día es importante. Después de desear el cambio, de decidirlo, hay que pasar a la acción. Al buscar ayuda profesional, hay que estar dispuesto a REaprender a comer, algo tan básico y tan arraigado que todos pensamos que hacemos bien. Entonces cada día hay que insistir, probar ideas nuevas, introducir nuevos alimentos, cambios en las horas de comidas, y muchos cambios más.

Con la humildad y la paciencia que requiere todo cambio, sabiendo que no todos los días serán exitosos y que un fallo puntual no es un fracaso del proceso, un cambio de hábitos es mucho más profundo que saltarse una cena, que comerse un dulce o disfrutar una comida con amigos. Es más, éstas deben estar incluidas en los nuevos hábitos, la normalidad debe incluir celebraciones, dulces más saludables, porque eso es LO NORMAL.

Lo que no debe ser normal es que la alimentación diaria consista solamente en  alimentos ultraprocesados, con ausencia de vegetales, frutas, de cereales y harinas integrales, de preparaciones sencillas, con pocas grasas saturadas, de proteínas saludables.

Alimentarse saludablemente es proveer los nutrientes necesarios para que podamos crecer, vivir y envejecer de la mejor manera posible. No solo se trata de comer mejor con más verduras y frutas, es necesario dejar de comer mal. De poco sirve comer ensalada si como exceso de patatas fritas de bolsa, por ejemplo.  

Eso es lo que trabajamos en equipo, mejorar la alimentación desde un punto de vista más profundo que bajar unos kilos temporalmente, sino hacer que ese descenso sea más duradero, pero sobretodo afirmar los cambios de conducta y establecer herramientas para que el objetivo logrado de peso y de conducta alimentaria, se vuelva permanente y no una cuestión de un verano.

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