Dependencia Emocional. No puedo (sé) vivir sin ti

"Antes dependía, ahora ya no", "sé que tengo que dejarlo marchar y no verle pero no puedo", "creo que soy dependiente de el/ella".  Este tipo de expresiones son muy frecuentes en consulta, sobre todo en primeras entrevistas. 

La dependencia emocional es un término que en los últimos años ha cogido mucha fuerza. Ésta necesita su definición porque puede ser dañina para la propia autoestima si la aplicamos cuando no se debe.

La definición que hace Castelló (2005) se centra en  "la necesidad afectiva extrema que un sujeto siente hacia otro a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja", y de amistad sobre todo en la adolescencia.

La clave está en el extremismo. Lo lógico es echar de menos, querer estar con la persona con la que has vinculado e incluso sentir amenaza de que la relación peligra si hay una tercera persona (u otro grupo en caso de los amigos). Sin embargo, estas señales de alerta que nos indican lo que nos gusta y lo que no en una relación. Estas señales que nos dicen dónde queremos poner el límite, se vuelven en nuestra contra cuando no somos capaces de controlarlas y de razonarlas.

 Tres de las características que pueden presentar son:

  • La necesidad de agradar a todo el mundo, aunque no sean de su entorno cercano.
  • La falta de asertividad (poner límites).
  • Falta de empatía con personas significativas de las que no dependen.

Se les suele tachar, en su alrededor incluso de egoístas, aunque lo que les sucede realmente es que están sufriendo y creen que al engancharse desesperadamente a otra persona ese sufrimiento cesará. No saben lo que significa la reciprocidad de afecto, que el afecto sea correspondido y el cariño. Ese cariño que muchas veces les cuesta dar porque por experiencias anteriores lo confunden con sumisión.

La persona que depende emocionalmente, busca afecto. No les gusta estar solos porque al mirarse dentro no se gustan, a veces pueden llegar a odiarse y necesitar que sea otro el que le otorgue ese "te quiero" y no ellos mismos. 

Es precisamente eso, las pocas herramientas de habilidades sociales y la herida profunda en la autoestima el mayor exponente de autorrechazo y autodesprecio que presentan. Esto hace que sea más fácil la idealización de las personas externas (que no somos nosotros, que son diferentes) y que haya una falta de critica hacia ellos.

Cuando pienso en la dependencia emocional, es imposible que no se me venga a la cabeza la novela de Rosa Montero “La carne”. Soledad, que con el nombre perfectamente elegido, expresa: "Sabía que su necesidad de amor no tenía fin, que su capacidad de afecto era insondable y que esa carencia le producía un dolor tan agudo que podía llegar a perder la razón."

Psicóloga Andrea Cuadrado

Psicóloga
Adultos y adolescentes

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