Nuestras emociones ante los conflictos

En nuestro día a día es muy frecuente encontrarnos en una situación o con una persona que nos puede generar malestar: una acción, un comentario, un resultado, una expectativa no cumplida…

Cuando esto sucede y reconocemos esa emoción (enfado, tristeza, desagrado, etc.) generalmente lo que hacemos, sobre todo si es una emoción que nos genera malestar, incomodidad o dolor, es resistirnos a esta emoción “negativa” y hacer todo lo posible por eliminarla, esconderla o evitarla.

Muchas veces, hacer el intento de controlar tanto las propias emociones, como las de quienes nos rodean, es verdaderamente una misión difícil que muchas veces llega a provocar incluso enfermedades físicas. Sin embargo, si tomamos conciencia, reconocemos y ponemos nombre a las emociones que estamos sintiendo, lejos de ser nuestras enemigas nos hacen ver que en nuestra mente-corazón algo sucede, por lo que necesitamos actuar y tomar medidas.

Irónicamente el resultado de este intento muchas veces solo tiene como resultado potencializar esa misma emoción. Por ejemplo, el enfado se acaba transformando en ira, la ira en rabia, la rabia en desesperación y la desesperación en violencia. En definitiva, las emociones son indicadores de una necesidad satisfecha o insatisfecha y es la forma en la que nuestro interior nos indica que es importante atender esa necesidad.

Las necesidades por su parte son comunes a todos los seres humanos, es decir, todos tenemos las mismas necesidades, en mayor o menor grado de satisfacción, y todas son igual de importantes.

Cada individuo tiene su propia jerarquía de necesidades, esto depende de cada quien, y sea cual sea tu jerarquía en el día a día cuando tu necesidad se satisface o no, sentirás invariablemente una emoción.

Por ejemplo, cuando satisfaces tu necesidad de integración con tu entorno las emociones que puedes sentir van desde serenidad, gratitud, alegría, afecto. Otro ejemplo, cuando no satisfaces tu necesidad de libertad las emociones pueden ser de disgusto, confusión, tristeza, frustración.

De manera que cuando reconocemos esta mancuerna emociones-necesidades es posible dejar a la emoción manisfestarse sanamente en nosotros y al ser capaces de identificar la necesidad (satisfecha o insatisfecha) poder hacer algo que muy seguramente esté dirigido a recuperar nuestro equilibrio interior.

Probar la óptica de percibir nuestras emociones y necesidades como un binomio es una forma muy práctica que nos permite generar bienestar.

Silvia Lozano

Trabajadora Social
Intervención y Mediación Familiar

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