Luchando con mi emoción paralizante

Se entiende la incertidumbre como el estado de desconocimiento que tiene una persona acerca de lo que sucederá en el futuro. Ante este estado de desconocimiento sobre la realidad que nos toca vivir puede existir una sensación de inseguridad, de miedo o de titubeo que es probable que ocasione la parálisis de la persona en su toma de decisiones, sintiéndose bloqueado o con mucha preocupación por no permitirse la posibilidad de que algo “salga mal”.

 

Podemos reconocer algunas expresiones, creencias o sensaciones tales como:

  • Me siento paralizado, es como si en ese momento me bloqueara.
  • Tengo una sensación como si mis sentidos se anularan.
  • No sé qué hacer, ¿y si fallo?, ¿y si fracaso?, ¿y si mi esfuerzo no sirve para nada?
  • Voy a hacer el ridículo, se van a reír de mí, no voy a ser capaz.
  • Todo esto me agobia mucho, me genera mucho malestar, ¿por qué todo es tan difícil?

 

Seguro que nos hemos visto reconocidos en algunas de estas expresiones y sensaciones dada la amplia variedad de toma de decisiones que tenemos que elegir en nuestro día a día. Esta incertidumbre conecta principalmente con dos emociones que tienen sus características y rasgos propios.

 

El miedo: Dentro de las emociones básicas, el miedo es la encargada de hacernos sobrevivir. Es una emoción que nos ayuda a detectar los peligros, identificarlos, anticiparnos a las posibles amenazas y activar nuestro sistema nervioso para una actitud de huida o enfrentamiento a la situación temida.

La vergüenza: Dentro de las emociones pudorosas y autorreferenciales, la vergüenza se activa cuando valoramos nuestras acciones como negativas, creyendo que ciertas actitudes van a provocar un juicio de valor en los demás, ocasionando en nosotros una no aceptación de nuestras actitudes. Nos señala qué es lo adecuado y aceptable dentro del grupo social para sentirnos partícipes y reconocidos en el grupo de pertenencia. No aceptar de manera continua por nosotros mismos nuestros comportamientos sociales, provocará una disminución de la autoestima y una falta de libertad para relacionarnos. La función evolutiva que cumple esta emoción es ayudar a la persona a integrarla dentro de un grupo de iguales.

Pese a que estas dos emociones tengan en las personas una función adaptativa, es decir, nos ayuden a enfrentarnos al mundo y sobrevivir, la falta de una gestión adecuada de estas emociones ocasiona en la persona la ausencia de libertad, exploración, crecimiento personal y buena autoestima. Si el miedo y la vergüenza controlan nuestra vida, seremos esclavos de estas emociones.

Cuando emociones como la vergüenza o el miedo controlan la vida de una persona, provoca que ésta observe el mundo desde un prisma puramente emocional y poco racional, sintiéndose atrapada por ese estado de bloqueo o invalidación para actuar. Deberá comprender que está siendo atrapada por estas emociones, está siendo esclavo de las mismas y está teniendo dificultades para tener una visión más objetiva de lo que está ocurriendo. Entender cómo nos hacen sentir estas sensaciones, aceptarlas y analizar la situación temida para enfrentarnos a la adversidad, provocará un cambio en la persona. La persona tendrá la capacidad de observar si esa realidad temida es tan grande y temible como parece o por el contrario se está teniendo una percepción o creencia equivocada. Por ello, exponernos a situaciones temidas o que nos ocasionen vergüenza de manera progresiva permitiéndonos experimentar ese malestar, ocasionará en la persona una percepción de mayor capacidad de resolución, una sensación de mayor control para la toma de decisiones y por ello un aumento en su autoestima.

La fortaleza de una persona no reside en tener todo siempre claro, no equivocarse o ser siempre aceptado por los demás, sino en la capacidad de poder enfrentarse a la adversidad, aceptando que este malestar pueda estar presente, pues así la persona podrá enfocarse en el aprendizaje que aporta la experiencia de ese momento y la maravilla de vivirla. Enfrentarse a la adversidad con entereza y aceptación provocará en la persona un continuo crecimiento. El mayor crecimiento del individuo no sucede en estados de comodidad o bienestar, por el contrario, los mayores crecimientos personales ocurren en estados de incomodidad, incertidumbre y malestar. Enfrentarnos a ellos será asumir nuestros miedos haciendo que estos no nos paralicen.

 

“Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”. Marie Curie

Psicólogo en Elche Pablo Caselles

Psicólogo
Adultos y adolescentes

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