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La perfección imperfecta

6:50h. suena el despertador, ¿te sientes preparad@? Tienes todo un día por delante para…

Desayuno realfooder o fit: claras de huevo con tostada de pan de espelta con aguacate y… si no quieres o no te apetece da igual, un realfooder nunca sucumbe a las apetencias. Veinte minutos de cardio, si tienes suerte no será en ayuno, y treinta de musculación. Recuerda que el verano está a la vuelta de la esquina y tienes que lucir tipo.

¡Cooorre a la ducha! Déjate cinco minutos para el ritual de cremas faciales que disimulen la experiencia de la vida. Elige el outfit perfecto, hoy tienes esa reunión donde tienes que dejar a todo el mundo boquiabierto. Por cierto, recoge la casa, pon una lavadora y saca del congelador la cena de la noche. No olvides que la improvisación puede alejarte de tus objetivos.

¿Metro, bus, coche? ¡Bien vas en hora! No te olvides de sonreír e ir con una actitud magnifica y predispuesta para todo lo que pueda venir.

Llegas a la oficina… primero el momento social en el que caben todas esas preguntas que denotan interés en el otro, “Buenos días, ¿cómo estás?; ¿qué tal fue el padel? A ver cuando nos tomamos algo fuera de la oficina…”

Llegas a tu sitio, céntrate que ahora toca trabajar. Recuerda la meta es la excelencia, combinación perfecta de ¡rapidez y perfección! Los errores, el dudar no pueden estar en tu hoja de ruta.

Tienes hambre… frutos secos, pero sólo un puñado, sabes que son buenos pero, ¡no tanto!... Qué, ¿tienes más hambre? Pues no puedes comer, ¡Ale a trabajar!

¿Estás cansad@? No importa, ya dormirás esta noche.

¿Comida? Por supuesto, no mezcles los hidratos, la base de una buena alimentación es la proteína y además te permite multiplicar los efectos del ejercicio matutino.

Llegas a casa, hijos, tareas escolares, berrinches, pataletas, leer los WhatsApp del grupo de pap@s del cole con predisposición y cordialidad, recuerda has de ser un buen padre/madre…

A las 23h de todos los días ¿no estás triste, cansado, irritado, ansioso…?

Parece que el día a día se convierte en una carrera de fondo, donde conjugar velocidad y aciertos es cada vez más complicado. Falta tiempo para todo y la perfección parece convertirse en una meta a la que debemos llegar, cueste lo que cueste. Sin embargo y aunque suene a paradoja, la perfección no siempre es perfecta, pues conlleva muchos más inconvenientes que ventajas para nuestra salud física y mental.

Parece, además, que en el último lugar estamos nosotros. Y cuando digo nosotros, me refiero a nuestras necesidades, a nuestros deseos, a nuestros valores. Da vértigo pensar que hemos construido una vida alejada de lo que realmente queremos o nos hacer sentir en calma.

¿Qué tal si paramos y hacemos repaso minucioso de cómo ha sido nuestro dia hoy y cómo nos encontramos al final del día? Quizás así, podamos ordenar y poner por delante lo que queremos y lo que necesitamos, en definitiva, ponernos por delante a nosotros mismos.

  • El cuerpo siempre lleva la cuenta. Observa tu cuerpo y descubre como se siente y que es lo que necesita.
  • Vive el presente, y aleja la mente de toda anticipación. El presente es lo que es, aprendamos a aceptarlo total y completamente. Lo más probable es que traerá conocimiento y sabiduría.
  • Dedica tiempo al silencio. El silencio, también es una forma de comunicar, una vía de conectar con uno mismo y con lo que estas viviendo.
  • Permítete hacer menos de lo que puedes hacer. Nadie está al acecho de tu rendimiento.
  • Ordena tu mundo, tu exterior. Cuida lo que te rodea, para lo que lo interno confluya con lo externo.
  • Sé generoso contigo. Evita el juicio, quizás no puedas o quieras hacerlo de otra manera.

 

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