Tinder Love

Estamos en la era digital. Casi todo lo que hacemos o que necesitamos pasa por un ordenador o móvil. Todo se ha hecho fácil: una compra, la resolución de asuntos burocráticos o de trabajo, búsqueda de informaciones, aprendizaje, y porque no, establecer relaciones o encontrar pareja.

Tinder, es unas de las aplicaciones para ligar más populares, que hace que resulte sencillo conocer gente con fines sexuales o románticos. Y si antes se podía pensar que allí encontraríamos solo gente rara o sin amigos, nada ahora podría ser más equivocado: en Tinder están personas de la vida real, nuestro amigo, un compañero o un familiar.

Tinder funciona como un juego: solo basta rellenar un perfil y subir tu mejor foto y todo lo demás lo hace la misma app: busca personas compatibles a ti, según tus intereses. Luego puedes votar por las personas y finalmente recibir el contacto de las que quieres conocer.  De esta forma Tinder se presenta como la fácil solución para aquellas dificultades más comunes en nuestra era: soledad, insatisfacción, timidez, dificultad a ampliar el circulo de relaciones, falta de tiempo. Nos abre infinitas posibilidades relacionales, porque nos conecta con personas ajenas a nuestros círculos sociales habituales, desde la protección de la pantalla, pero sobretodo en un tiempo muy reducido.

Pero ¿qué consecuencias tiene exponer ante otros nuestra mejor cara?

  • Ante todo, lo más inmediato, es el riesgo que puede conllevar emprender una relación con un desconocido.
  • La gratificación inmediata, es uno de los caballos de batalla de Tinder, que nos expone al peligro de desarrollar una adicción a la constante aprobación de los demás. La analogía con las adicciones empieza en la esfera neurológica: Rob Henderson en su estudio del “Donders Center for Cognitive Neuroimaging” afirma que el área cerebral que procesa las recompensas químicas muestra un incremento de actividad cuando estamos mirando un rostro que percibimos como atractivo. Además, no saber si la persona seleccionada dará un match de respuesta añade el factor de incertidumbre que generan las recompensas intermitentes, que tienen como consecuencia el enganche provocado por la expectativa de una recompensa que “va a llegar pero no se cuando” similar a la de una adicción. De esta forma se va modificando la respuesta de nuestro cerebro: la dopamina, el neurotransmisor responsable de nuestras sensaciones placenteras, se activará solo cuando recibimos el esperado match, y con el paso del tiempo, también ante señales de que esto va a llegar. A nivel conductual esto se traduce en un comportamiento adictivo, similar al de quien siempre está esperando que en la próxima jugada le toque el premio gordo. En esta dinámica, resulta difícil saber cuando parar. Pero estamos hablando de relaciones, así que el precio a pagar son la frustración, una percepción de si mismo más negativa y más soledad.
  • Para aquellas personas que sufren ansiedad social quizás podría representar una manera de ir perdiendo el miedo a la cercanía y al contacto pero igualmente Tinder expone a situaciones de rechazo y ghosting. La pantalla permite prescindir de habilidades sociales que necesitamos en las relaciones reales, y que por lo tanto no necesitamos desarrollar.
  • Hay personas que perciben su yo como un yo en relación; la facilidad y la posibilidad de pasar de una relación a otra que nos ofrecen plataformas como Tinder, se convierte en la oportunidad para seguir sin construir una identidad propia.
  • En 2004 el psicólogo Barry Schwartz expuso su teoría de la paradoja de la elección, argumentando que la posibilidad de elegir no nos hace ni más libre ni más felices, sino más paralizados y más insatisfechos. Si aplicamos este concepto a la dinámica de Tinder y de las otras plataformas parecidas, tener la posibilidad de acceder a tantas citas puede alimentar la frustración. Acumular citas termina siendo el objetivo, la posibilidad de probar mucho te invita a probar mucho y cuantas más posibilidades tengo, más ansiedad generará la toma de decisión.

Sin embargo existen testimonios de muchas personas que aseguran haber conocido su actual pareja a través de Tinder o similares, o que aunque no hayan encontrado pareja definan la de Tinder como una experiencia positiva.

En consulta a veces se plantea el tema de la necesidad de conocer a otras personas y los pacientes nos piden consejo sobre si utilizar este tipo de aplicaciones.

 

Pero entonces, ¿debemos apoyar o posicionarnos en contra del uso de Tinder y de las otras aplicaciones para ligar?

La existencia de esta modalidad de relacionarse es el resultado de una realidad nueva y no podemos vendarnos los ojos ante ella.

Utilizar Tinder y similares de forma excesiva y compulsiva tiene consecuencias negativas, por lo cual resulta fundamental limitar y controlar su uso. Si la utilizamos como única vía de relación con otras personas dejaremos de fomentar nuestras habilidades sociales y los vínculos que estableceremos serán cada vez más superficiales.

Quizás sería útil pararnos y reflexionar del porque recurrimos a este tipo de app, y preguntarnos, “¿podría hacer algo más?”

Psicóloga Claudia Corte

Psicóloga
Adultos y adolescentes

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