Querida mascarilla…

Desde hace más de un año hemos incorporado a nuestras vidas algunas rutinas de higiene que nos han ayudado a protegernos (y a sentirnos protegidos) del contagio: lavarnos y desinfectar las manos, mantener la distancia social, llevar mascarilla. Sin embargo, de todas estas medidas, la que nos ha causado más molestias ha sido la mascarilla: sudor, sensación de asfixia, acné… la mayoría de nosotros en algún momento hemos deseado poder deshacernos de ella. Pero poquito a poco la tan odiada mascarilla ha conseguido entrar en nuestras vidas, conquistar ese sitio en nuestras caras y acaparar la función de frontera visible (e invisible) que nos protegía del contagio (y no solo de ello).

Hace una semana se publicó en el BOE (Real Decreto- Ley 13/2021 de 24 de junio) la norma que establece el nuevo uso de la mascarilla. Un paso más hacia la tan deseada normalidad que al parecer no ha conseguido los resultados esperados. Es suficiente pasear por la calle para darnos cuenta que son muy pocas las personas que no la llevan.

¿Qué está pasando?

La mascarilla nos ha proporcionado la sensación de protección que tanto hemos necesitado. Ahora que podríamos prescindir de ella, nos sentimos desprotegidos, expuestos, vulnerables.

Nos hemos desconectado de las expresiones de nuestras caras, de las sonrisas, del semblante de alegría, tristeza, asco y de todas aquellas emociones que somos capaces de reflejar en nuestro rostro. Nos sentimos desnudos a los ojos de los demás. Pero ha llegado el momento de volver a conectarnos.

Las personas que más dificultad pueden tener son aquellas con tendencia a la hipocondría, ansiedad, TOC hacia la contaminación, o que han tenido experiencia directa con el virus. También puede influir nuestra autoestima: quien se ha conocido con mascarilla puede sentir temor relacionado a cómo le verán los demás.

Lo que pueden experimentar estas personas son pensamientos como “me puedo contagiar”, “la gente lo hace muy mal”, “como le parecerá mi cara”, pensamientos que pueden desencadenar emociones como angustia, miedo, ansiedad y que pueden llevar a síntomas físicos como dolores, sudoración, agitación, y a conductas de evitación o sobre protección.

Por todo esto se recomienda pedir apoyo psicológico, que puede ayudar a superar la sensación de desprotección y vulnerabilidad y poder gradualmente resolver las consecuencias psicológicas de los cambios tan drásticos que hemos sufrido a lo largo de estos últimos tiempos.

Querida mascarilla, te agradecemos mucho lo que has hecho por nosotros, pero va llegando el momento de decirnos adiós.

Psicóloga Claudia Corte

Psicóloga
Adultos y adolescentes

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